Hace algún tiempo, mientras habla con mi padre intentándolo de evangelizarlo entorno al que prefiriera el consumo de café de especialidad, me comentó que ya no tomaba café porque “le producía demasiada acidez”. La afirmación no era extraña y es probablemente una de las asociaciones más frecuentes que se hacen con esta bebida: el café es ácido, por lo tanto, debe producir acidez estomacal.
Sin embargo, esa conclusión mezcla varios conceptos que, aunque comparten una misma palabra, no significan necesariamente lo mismo.
Cuando hablamos de la acidez del café podemos estar refiriéndonos a la sensación brillante o frutal que percibimos en la taza. También podemos hablar de los ácidos presentes en su composición química o podemos estar describiendo síntomas como ardor, regurgitación o molestias asociadas al reflujo gastroesofágico.
El problema es que estas tres formas de entender la “acidez” suelen confundirse. Un café puede presentar una acidez sensorial intensa y no provocar molestias digestivas. Del mismo modo, una persona puede experimentar reflujo después de beber café sin que eso dependa exclusivamente del pH de la bebida o de la cantidad de ácidos que contiene.

Por eso, antes de responder si el café “produce acidez”, quizás conviene preguntarnos primero: ¿de qué acidez estamos hablando?
La acidez sensorial es una característica importante en la evaluación de un café. Dependiendo del origen, la variedad, el procesamiento, el tueste y la preparación, puede percibirse como cítrica, málica, frutal o brillante. En una taza bien equilibrada, la acidez no necesariamente es un defecto; puede aportar complejidad y frescura.
La acidez química, en cambio, se relaciona con los diferentes compuestos ácidos presentes en el café; entre ellos se encuentran diversos ácidos orgánicos cuya concentración puede cambiar durante el cultivo, el procesamiento, el tueste y la preparación.
Sin embargo, el hecho de que el café contenga ácidos no permite concluir directamente que provoque reflujo. El estómago ya produce ácido clorhídrico y mantiene un ambiente mucho más ácido que el de una taza de café. Por lo tanto, explicar el reflujo únicamente a partir del pH del café sería una simplificación.
La tercera idea es la acidez entendida como síntoma. El ardor retroesternal, la sensación de quemazón o la regurgitación pueden formar parte de la enfermedad por reflujo gastroesofágico, una condición en la que el contenido del estómago asciende hacia el esófago.

Durante años, el café ha sido incluido con frecuencia entre los alimentos y bebidas que las personas con reflujo deberían evitar. Sin embargo, la evidencia científica no siempre ha sido consistente. Algunos estudios han encontrado asociaciones, mientras que otros no han observado una relación clara.
Esta incertidumbre llevó a un grupo de investigadores a realizar una revisión sistemática y un metaanálisis publicado recientemente por Muftah y colaboradores. El objetivo fue evaluar la asociación entre el consumo de café, la enfermedad por reflujo gastroesofágico y algunas de sus complicaciones.
El análisis reunió 40 estudios e incluyó información de más de 122.000 personas. Al comparar a quienes consumían café con quienes no lo consumían, los autores observaron una asociación pequeña, pero estadísticamente significativa, entre el consumo de café y una mayor frecuencia de ERGE (Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico).
A primera vista, este resultado podría parecer una confirmación de que el café provoca reflujo. Sin embargo, la diferencia observada fue pequeña y debe interpretarse con cautela. En términos simples, las personas que consumían café presentaron una probabilidad ligeramente mayor de reportar o presentar ERGE que quienes no lo consumían. Pero este resultado no demuestra que el café sea la causa directa del reflujo, ya que también podrían influir otros factores. Además, aunque la diferencia fue estadísticamente significativa, todavía no está claro si su magnitud es lo suficientemente importante como para generar un cambio relevante en la vida cotidiana o en la salud de una persona.
Los propios autores señalaron que la relevancia clínica del efecto observado no está clara. Además, los estudios incluidos presentaron una elevada heterogeneidad. Esto significa que existían diferencias importantes entre las investigaciones analizadas, por ejemplo, en la forma de definir el reflujo, medir el consumo de café o seleccionar a los participantes.
Por lo tanto, aunque el metaanálisis encontró una asociación, los resultados no justifican afirmar que el café produzca reflujo en todas las personas.
Otro aspecto relevante es que no se observó una asociación estadísticamente significativa entre el consumo de café y el esófago de Barrett, una complicación relacionada con el reflujo gastroesofágico crónico. Este resultado también contribuye a una interpretación más matizada: una asociación pequeña con síntomas o diagnóstico de ERGE no implica necesariamente un aumento demostrado de todas sus complicaciones.

Entonces, ¿qué podemos concluir?
La evidencia actual sugiere que el consumo de café podría estar asociado con un pequeño aumento en la frecuencia de enfermedad por reflujo gastroesofágico. Sin embargo, la magnitud de esta asociación es reducida y su relevancia clínica todavía no está completamente clara. Esto no significa que las experiencias individuales sean irrelevantes.
Una persona puede notar de manera consistente que el café desencadena o empeora sus síntomas. En ese caso, reducir la cantidad, modificar el horario de consumo o evitarlo temporalmente puede ser una medida razonable.
Pero una experiencia individual tampoco significa que todas las personas deban dejar de beber café. El propio metaanálisis cuestiona la recomendación universal de restringir el café como una modificación obligatoria del estilo de vida para todas las personas con ERGE. Los autores plantean que las decisiones deberían individualizarse, especialmente considerando que el café también ha sido asociado en otros estudios con posibles beneficios para la salud.
La relación entre café y reflujo probablemente no depende de un único factor. La cantidad consumida, la concentración de la bebida, el horario, la sensibilidad individual, la alimentación, el peso corporal, el consumo de alcohol o tabaco y otras características del estilo de vida pueden influir en la aparición de síntomas. También es importante recordar que el café no es una sustancia única, pues su composición puede variar según la especie, el origen, el procesamiento, el grado de tueste y el método de preparación. Por ahora, la evidencia no permite afirmar con suficiente certeza que un café de especialidad, un café instantáneo o un café de determinado origen produzcan sistemáticamente más o menos reflujo.
En definitiva, afirmar que “el café produce acidez” es una simplificación. La acidez química y sensorial del café no son equivalentes al reflujo gastroesofágico. La evidencia reciente muestra una asociación pequeña entre el consumo de café y la ERGE, aunque su importancia clínica aún no está clara. Además, la respuesta puede variar entre personas: mientras algunas identifican al café como un desencadenante de síntomas, otras lo toleran sin molestias. Por eso, más que establecer una prohibición general, parece razonable considerar el contexto y la respuesta individual.
Este artículo fue elaborado a partir de la revisión, selección e interpretación de literatura científica. Las conclusiones presentadas corresponden a una síntesis divulgativa del autor.
Referencias
1. Muftah, M., McCarty, T. R., Hartnett, D., Flanagan, R., Hiramoto, B., & Chan, W. W. (2026). Association of Coffee Intake With Risk of Gastroesophageal Reflux Disease and Complications: A Systematic Review and Meta-Analysis. Clinical and Translational Gastroenterology, 17(4), e00996. DOI: 10.14309/ctg.0000000000000996.
2. Yeager, S. E., et al. (2021). Acids in coffee: A review of sensory measurements and meta-analysis of chemical composition. Critica Reviews in Food Science and Nutrition. DOI: 10.1080/10408398.2021.1957767.









